Actualmente, gracias a la movilidad económica global, todos podríamos ejercer el derecho de abandonar cualquier país, incluido el propio, si éste falla en proporcionar los elementos indispensables para asegurar una vida digna. Sin embargo, el concepto “fuga de cerebros (o de talentos)” se refiere específicamente a quienes han desarrollado una carrera universitaria en su país y se trasladan al extranjero para perfeccionar sus estudios, desarrollar investigaciones y poner en marcha iniciativas que establezcan las bases de su éxito profesional. Como dato curioso cabe señalar que esta expresión, fue acuñada por la prensa inglesa en los años 60 para denunciar la emigración de los científicos británicos hacia los Estados Unidos.

Dentro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), México en el séptimo puesto dentro del Top 10 de países con mayor fuga de talentos. Sería injusto responsabilizar de perjurio a los 12 millones de mexicanos que se han embarcado en una aventura de expatriación, entre los que se encuentran aproximadamente 867.000 profesionistas (licenciaturas y posgrados). Estamos hablando de personas preparadas que ven mejores oportunidades en tierras extranjeras, a causa de la lánguida creación de empleos competitivos, el talón de Aquiles de la economía mexicana.

El cancunense Jerónimo Terrones Portas es uno de ellos. Son las 8 AM de un fresco día de otoño en Cambridge, Reino Unido. Terrones, de 30 años, se ajusta el suéter mientras gira la cerradura de su casa, le da un sorbo a su café, y se sube a la bicicleta que le llevará a su trabajo en el Departamento de Ciencia de Materiales de la prestigiosa Universidad de Cambridge. Ahí se desarrolla como investigador post-doctoral asociado desde enero.

Hace más de seis años que se fue de México a estudiar su Maestría y continuó con el Doctorado (PhD), y aunque sí le entusiasma la idea de regresar a la tierra que lo vio nacer, actualmente no es una alternativa viable, porque “los académicos no son bien pagados en México”. Si el día de hoy intentara ingresar al mercado laboral mexicano se encontraría con la falta de oportunidades puesto que no hay vacantes que se ajusten a su perfil o sueldos competitivos que sean atractivos.

En los últimos tiempos, se ha pretendido redefinir el concepto de “fuga de cerebros” para denominarlo “flujo de talentos”, de igual manera, se optó por el término oficial de Migración Altamente Calificada (MAC). Como quiera que lo denominemos, el panorama mexicano se presenta bastante deprimente. Es una realidad irrefutable que la emigración de profesionales calificados sí supone una pérdida dramática de Capital Humano, puesto que impacta el desarrollo económico y social, y las posibilidades de generar innovación, de acuerdo a un estudio de la UNESCO.


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Mientras las instituciones educativas y el estado no generen oportunidades para que el talento competitivo regrese y se quede en el país, ningún “flujo de talentos” beneficiará a México verdaderamente. El gobierno necesita generar empleos de más calidad para satisfacer la creciente demanda de talento capacitado, así como promover tanto las redes de conocimiento como los incentivos para el retorno de profesionales calificados que trabajen en proyectos nacionales y contribuyan en la transferencia de conocimientos.

Esto ayudaría a que personas altamente calificadas como Jerónimo, tuvieran una puerta abierta para retornar e invertir todos los conocimientos que han adquirido en mejorar las condiciones de desarrollo del país.

 

Fuentes:

Emigración, talentos y justicia: un argumento feminista sobre la fuga de cerebros

 

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